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La historia, absolutamente real, de cómo nació todo...

Corría el lejano 2022 cuando dos amigos se encontraron y, como suele ocurrir con las mejores historias, todo comenzó por casualidad. No fue un encuentro dictado por el destino, sino – como suele ocurrir con las empresas más locas – por una cerveza de más y pocas certezas en el bolsillo. 

El primero se llamaba Cristiano, un alquimista de la naturaleza, con el cerebro siempre en ebullición y la curiosidad de un cachorro de dragón. El otro era Riccardo, forjador de sabores, cocinero legendario del Condado y maestro del cucharón. Era una noche como tantas, pero las conversaciones que nacen así a menudo tienen el poder de cambiarlo todo.

Entre sorbo y risa, Cristiano se dio la vuelta y dijo:  "¿Y si cultivamos setas?" La propuesta cayó sobre la mesa como el martillo de Odín, haciendo temblar las paredes de la taberna. Riccardo, sin inmutarse, respondió con la seguridad de quien ya ha asado trolls para desayunar: "Hagámoslo."

No tenían ni una sola moneda de oro, y mucho menos un plan detallado, pero importaba poco. Sabían que lo fundamental sería construir algo desde cero, con sus propias manos, sin concesiones. Hacerlo todo por sí mismos, aprender, caer y levantarse.

El primer laboratorio no era más que un sótano oscuro, una guarida olvidada por los elfos y los fontaneros. Húmedo, estrecho, lleno de moho y telarañas. Allí, entre sacos, esporas y hechizos de autodidactas, forjaron los primeros sustratos. Estudiaban el micelio como los antiguos magos estudiaban las estrellas, y con cada error (hubo muchos), crecían. Y un día, entre el musgo y la oscuridad, brotó la primera seta. Estaba torcida, quizá un poco arrogante en su porte, pero brillaba con algo mágico.

A partir de ahí, el resto fue trabajo, pasión y descubrimiento. Con el tiempo, aquel pequeño laboratorio se convirtió en una realidad sólida, un lugar donde cada seta contaba la historia de quien la había cultivado. Su filosofía siguió siendo la misma: autenticidad, calidad y una curiosidad inagotable por el fascinante mundo de las setas.

Hoy, Growers of Mushroom es una de las empresas más reconocidas en Italia por el cultivo de setas y los productos dedicados a los aficionados. Pero no es solo una empresa. Es una comunidad, un laboratorio de ideas y sueños, donde cada día se aprende algo nuevo. ¿Nuestra misión? Compartir la maravilla de estos organismos extraordinarios que nos enseñan la humildad y nos recuerdan que la naturaleza siempre va un paso por delante.

Porque en el fondo, lo que nos mueve es el mismo espíritu que nos unió aquella noche de 2022: las ganas de crear algo único, con nuestras propias manos, y de compartir con el mundo la belleza de lo que crece de la nada.

  • Cristiano Gala

    Director Técnico Científico

  • Riccardo Grieco

    Director de Producción

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